20140815

Dónde has estado


Siempre, siempre,
sí, sí, siempre.
No, no, no hay una sola vez
en la que no.
Siempre que te veo
llegando tan tarde
me pregunto
¿Dónde has estado?

Es que he estado
tanto tiempo esperándote,
sí, sí, tanto tiempo
y tu solo vienes cuando quieres.

Para mi se ha hecho tan tarde
tan, tan tarde
que hasta me sorprende mucho,
mucho,
verte llegar
tan, tan tarde.

Entras por esa puerta
tan natural y esbelta,
como si nada pasara,
y yo me pregunto
¿Dónde has estado?
¿Dónde?
Dime, ¿dónde?

Y en lo frío de mi corazón
un pequeño empujón,
uno muy pequeño,
lo hizo palpitar.

Sí, sí, sí,
fue tu mirada al entrar,
fue tu mirada al entrar.

Entonces, mujer
dime, dime,
sólo dime
¿Dónde has estado
todo este tiempo?
¿Dónde? ¿Dónde has estado?
¡¿Dónde has estado
todo este tiempo?!

Es que he estado
tanto tiempo esperándote,
sí, sí, tanto tiempo
y tú solo apareces,
salida de la nada.

Entras por esa puerta
tan natural y esbelta,
como si nada pasara
y yo me pregunto,
yo, yo me pregunto,
una y otra vez
¿Dónde has estado?
¿Dónde?
Dime ¿dónde?
Todo este tiempo…

Siempre, siempre,
sí, pero siempre.
No, no, créeme que no,
no hay una sola vez
en la que no…
Siempre que te veo
llegando me pregunto
¿Dónde has estado?

¡Mujer! Sólo quiero saberlo,
solo quiero
que a mí me lo digas

Entonces, mujer
dime, dime
¿Dónde has estado
todo este tiempo?

En lo frío de mi corazón
un pequeño empujón,
sí, uno muy pequeño,
lo hizo palpitar,
lo hizo despertar.

Sí,
fue tu mirada, sí,
fue tu mirada al entrar.


[21 de julio de 2014]

20140718

Un poco susceptible


–Es extraño –pensó. Sólo en mis sueños pensé que las cosas cambiaban de color… que extraño.

El color naranja del cielo con esas nubes rosadas agrisadas parecía condensarse como viento con humedad que chocaba contra su rostro. 

Cerró la puerta para no sentir más frío ya que el clima se estaba poniendo tormentoso. Caminó por el pasillo blanco del hospital hasta la puerta que decía “Baño de varones” y, estúpidamente, golpeó por si alguien había allí. Evidentemente nadie contestó, así que decidió entrar sin más. El vendedor le repitió por segunda vez qué era lo que andaba buscando. Él, que estaba un poco susceptible, pensó la pregunta de una manera más filoso-existencial y recordó las charlas aisladas en los recreos que tenía con su profesor filosofía. Vivió la imagen del último año de secundaria, cuestionando cosas sobre las ideas de Platón y el método de Descartes ¿cómo ellos habían llegado a eso? Y también escucho en ese momento cuando su novia se acercaba a decirle algo al oído. Su novia, que parecía haberse teñido el pelo de rojo y que llevaba un dulce perfume que nunca usaba, le comunicó algo que lo había paralizado. El quedó blanco, pálido, inmóvil antes las palabras que ella les había hecho penetrar por el oído. Entonces el suelo se llenó de agua, dando la ilusión de que había una reflexión tan nítida de la imagen que el piso parecía espejado. Miró en el reflejo de éste la calle y los edificios que estaban alrededor de él, y sólo después entró en curiosidad. Sé miró a sí mismo y para su sorpresa: no era él. Aunque de cierta forma si lo era. Es decir, él se estaba mirando a sí mismo en un espejo y vio otra imagen. Confundido deja salir la mirada y el gran espejo comienza a rajarse hasta romperse por completo, y con éste el piso. La caída era hacia un infinito oscuro, sin tope, sin salida. Y mientras caía, un fragmente de espejo roto se cruza como flotando por su cara y el ve en el reflejo sus propios ojos… entonces parpadea confundido y se ve ahora en la terraza de su casa, en la que vivió cuando era niño, y al mirar hacia arriba piensa: Es extraño. Sólo en mis sueños pensé que las cosas cambiaban de color… que extraño.


[05 de Julio de 2014]

10"


El sol acariciaba su cara suavemente. Era aquél regreso cotidiano a casa, que por lo general está lleno de pensamientos agotantes, acompañados de voces ya cansadas de haber hablado todo el día una por encima de la otra. Pero está vez algo se sentía levemente diferente. Esa canción escuchada anteriormente, y que muchas palabras pronunciadas de forma trágico-poética hacía resonar en las paredes de sus cabeza, esta vez estaban calladas. El ver como la luz se empezaba a despedir del verde de los campos que corrían escapando velozmente a la mirada de aquél que está arriba de un colectivo, hizo que sus ojos se humedezcan un poco más que de costumbre. Como cuando uno está por llorar, como cuando hay algo que emociona, sea percibido como bueno o malo. Pocos, pero muy pocos segundos después de ello, llega el famoso suspiro. Aquél que cumple la función de airear lo que parecía estar estancado y que empezaba a oler mal, cuál casa antigua experimenta al abrir sus puertas y ventanas luego de años de estar cerrada. Esa renovación que viene del exterior, que viene a colmar el interior de frescura. El alivio es indudable, pareciera ser que con ese solo respiro profundo alcanzó para oxigenar toda la sangre posible haciéndolo sentir como nuevo. Como si fuera un árbol que levanta sus brazos hacia el aire para aprovecharlo todo, sin dejar de quitar sus raíces del suelo y aprovecharse de allí también. Plenitud podía acercarse a denominar esa sensación resultado de un compilar de muchas otras que suceden en no más de diez segundos.

Luego de ese reinicio del sistema, de ese formateo en el que parece haberse librado de cosas que no estaban siendo útiles del todo, después de ese descanso breve, las palabras vuelven a darle un subtítulo a la imagen de la situación que vive, como si fuera un cortometraje a punto de terminar que necesita algunas palabras para llegar mejor a su público y dar a entender o quizá guiar un poco cuál era el mensaje, al menos de forma abierta, pero concreta.

―No hay problemas… No… nunca los hubo.


[17 de Junio de 2014]

Dicen


Dicen que por allá a lo lejos hay algo mejor,
que todos los costos que hoy se paga,
como un impuesto al aire utilizado,
“allá” que en algún momento no será
más “allá a lo lejos” sino más “acá cerca”
todo estará mejor, todo será estable.
La factura detallará
lo que cada uno se merece.

Dicen que por allá a lo lejos algo mejor vendrá.
Hay que saber esperar lo incierto,
pero claramente bueno,
que va a venir.
Porque si bien uno ha de ir a su encuentro
para muchos suertudos,
el momento lo ha de encontrar a ellos.

Dicen que por allá a lo lejos todo estará bien,
solo se disfrutará y se descansará
de todo éste arduo trabajo incesante,
como si fueran unas vacaciones sin límites,
que fueron pagadas por adelantado,
sin tener que saldar luego
las innumerables cuotas,
los porcentajes de los intereses,
ni el IVA correspondiente.
Por allá a lo lejos, las cuentas serán claras.

Dicen que hay que hacer
todo pensando en ese lugar
al que uno ha de querer llegar.
Como si fuera la cima
del gran Everest, propio,
que escalamos a diario.

Dicen que hay que vivir feliz,
sin complicaciones,
con sentimientos puros y fieles,
que el pasado pisado,
que el futuro es incierto
y que el presente no es más
que eso mismo,
un regalo.

Dicen que por allá a lo lejos
se acerca, que no está tan lejos.
Dicen que uno pone la distancia concreta
que hay entre por allá a lo lejos
con por acá a lo cerca.
Dicen que hay que persistir, que se llega,
que hay gente que llegó, que se puede,
que sí, que sí, que sí.

Pero yo…

Sí… yo.

¿Qué digo yo?


[16 de Junio de 2014]

Almas que salen a pasear


Almas que salen a pasear
se azotan contra los arboles
como llevadas por una energía
que no es la suya.

Silbidos de ancianos
que al dormir
su respirar suena
sin un bpm estable.

Aire que no es frío
ni caluroso,
ni húmedo, ni seco.
Aire que no está estancado,
se mueve,
pero que parece no tener vida.

Pareciera que las opciones
del mañana son extremas:
Habrá una espectacular tormenta,
o será un bello día soleado.

Esta noche
es noche de corte.

Ésta noche se decide

Los espectadores
están impacientes,
las luces y cámaras
están encendidas,
las entradas se agotaron,
y el ring ya está listo.
Sólo queda
que los contrincantes entren,
se saluden y
la lucha empezará.


[12 de Junio de 2014]

Arte-Artista-Arte


Arte,
éxito de aquel que
no ha logrado comunicarse
con su entorno de forma habitual,
de aquél
que no se ha hecho entender
como él quisiera,
o como los demás hubiesen querido.

Artista,
constante locura regulada
sufrimiento pleno trasformado
en algo manifiesto,
que mucho, pero que poco
(en apariencia)
tiene que ver con su origen.

Arte,
material que llora por si solo,
que duele y arde para su creador,
que hace sentir incomodidad
al público,
que se siente una ligera incertidumbre
de no saber qué siente,
si dolor, alegría, ganas de llorar, de reír
o simplemente de suspirar.

Artista,
condenado a ser él.
condenado a no dejar de ser él.
Atrapado en una forma de expresión
de su ser
que pocos entenderán,
que muchos observaran, escucharan,
y hasta se deleitaran con aquello
que el artista solo lo ha hecho
porque no puede dejar de hacerlo.

Arte,
medicina que no ha pasado de moda.
Sin indicaciones, ni recetas,
sin que haya un mejor laboratorio
que la produzca.
Aquella que probablemente
tenga más efectos secundarios,
más abstinencia, que genere más dependencia,
más tolerancia,
y que incluso aún se dude de su verdadero
poder medicinal.
Droga incierta, autoproducida por su paciente,
adicto e inmune (indiferente) muchas veces a su efecto.

Artísta,
paciente-padeciente del vivir
que hace algo en apariencia
sin sentido,
cuando en aquel reflejo casi involuntario,
en aquella pequeña pincelada para rellenar,
en aquel leve movimiento de manos
para armonizar un poco la éstetica,
en aquella nota que que se introduce como
un mero pasaje,
está exclamando un grito de su alma
que de otra manera no habría podido ser.

Arte,
Artista.

Arte-Artista-Arte.


[30 de Mayo de 2014]

20140530

Eutanasia


No estoy entendiendo bien qué es lo que les preocupa tanto… Todos ustedes saben que en algún momento iba a morir. Quizás no por esto, quizás no de ésta forma. Como sea, es lo mismo. En algún momento iba a pasar, y por si se están haciendo los desentendidos lamento recordárselos: ustedes también van a morir. Mi caso quizás sea más trágico porque existe ahora la certeza de un mínimo de tiempo, pero es exactamente eso mismo lo que no están entendiendo, ustedes no tienen esa certeza y no los veo preocupados.
¡Dejen de verme con pena! O peor, de falsear esas sonrisas cuando antes y después lloran. No estoy muerto ¡no aún! ¿Qué creen que va a pasarme después de ésto? ¿Piensan que voy a ir a algún lado? ¿Piensan que esto es lo último o lo primero, o ambos? Basta de tanto lamento disfrazado de compasión. Yo no estoy tan mal, como verán. Los veo peor a ustedes que a mí mismo cuando me miro al espejo.
Miren, ciertamente entiendo su dolor. No es algo a lo cual le esté siendo ciego, pero entiendan que esto no debe significar nada. No he decidido venir a éste mundo, y como sabrán ahora, más ustedes que yo, no decido tampoco irme de él. Pero hay algo que tendrían que tener muy en cuenta y que veo que están pasando por alto: he decidido vivir. Y quizás esa sea la decisión más grande de todas. Es decir, si no le he puesto principio ni final a este cuento ¿qué mejor que darle una buena trama? ¿qué mejor que mantener atrapado al lector? He vivido como he querido y podido. Eso vale más que cómo llegué y que cómo me voy. Esas cosas ya no importan, son insignificantes en comparación. Son el primer y último párrafo de este libro de innumerables páginas.
¡Basta médicos y doctores! ¿Cuántos años más de ciencia tienen que pasar para que dejen de jugar a ese simulacro de ser mini dioses? ¡Voy a morir! Y esa es la única verdad ahora, la más actual y precisa, y la mejor de todas las provisorias.
Pero les pido algo, un último deseo. Mírenme. ¡Mírenme cuando muera! Vean el destino humano hacerse verdad. Miren como mi corazón se detiene, como mis ojos se despojan de brillo. Perciban como mi temperatura desciende. Como paso de ser una persona, un paciente, una vida, a un simple cuerpo sin vida, a una estadística mal redactada en el diario de los domingos. ¡Miren como esto les va a suceder a ustedes!, y van a entender en algún momento que la muerte no es nada. Que no hay dolor en la muerte, no.  El dolor sólo se siente cuando aún estamos vivos.
¡Ni un minuto más de ésto! ¡Basta de querer ponerle dignidad a mi vida! ¿Dignidad a mi muerte!? ¿¡Acaso morir nunca es digno!? ¿Para qué querré yo morir antes? Asesínenme, y si les sirve piensen que han hecho lo correcto. Serán esos dioses a los que tanto les gusta jugar.
¡No decidan por mí! Aún los puedo ver,  aún los puedo escuchar, ¡aún vivo! Déjenme en paz, ¡déjenme disfrutar de la muerte!, déjenme sentir como de a poco ella me va tomando. Disfruté toda mi vida, y es hora de que empiece a disfrutar de ella. No se anticipen, no sean impacientes, ya va a llegar. Lo sabrán… lo sabrán. Ya va a llegar.
Soporten ver éste dolor humano, acepten lo frágiles que somos después de todo. Acepten, que a ustedes también les va a pasar esto. Acepten su condición de mortales. Acepten que nacemos para esto: vivimos, y morimos. No me ceden, no me duerman, no me tranquilicen ¡No quiero estar tranquilo! ¡No quiero estar dormido! ¡Quiero estar bien despierto cuando suceda!

¡¡¡DEJENMÉ SUFRIR, DEJENMÉ VIVIR!!!


[22 de Mayo de 2014]

Ellos volverán


Ellos volverán de nuevo

Cuando en lo mejor
del momento esté,
las sombras llegarán
a donde nunca han llegado antes,
helándolo todo.

Puedo sentir
los tiempos mejores acercándose.
Saber que algo bueno
entre tanto malo ha de salir.
Que todo tiene su recompensa
ya no es tan mentira,
ya no es tanto un engaño
para mantener la esperanza.
Sin embargo…

Ellos volverán de nuevo

En cada descuido inoportuno,
en cada instante en que la mente
se quede sin estímulos que
la entre-tengan.

Ellos volverán

Ellos volverán de nuevo,
porque para ello están.
Ser la pequeña gota que rebalse
el vaso vacío.
El pequeño tropiezo
cuando se está por llegar
a la cima de la escalera.

Y ellos volverán,
como los fantasmas indestructibles
que son, y que con el paso del tiempo
más astutos e ineludibles
se han vuelto.

Ellos volverán

Y ahí estaré,
para enfrentarlos.
Como un miedoso con agallas,
que juega a rozar la línea
de lo estúpido y lo valiente.
Como un inválido
que se defiende con sus muletas.

Ellos volverán de nuevo

Y ahí estaré,
de nuevo.

Como siempre lo he estado

Como yo,
contra ellos,
mis fantasmas.


[27 de Mayo de 2014]

Ninguna indicación


Luces aceleradas símiles soles que encandilan, apareciendo y desapareciendo rápido de la mirada recostada en la camilla, como si los días estarían tan acelerados que el atardecer no haría más que introducir el amanecer.

No hemos encontrado aún la causa directa a su afección, en los resultados de los análisis no se ha registrado nada fuera de lo común.

Ruidos de suelas que golpean el piso sin descaso y sin ritmo, olores a falsa sanidad y a desinfectantes potentes. Todo tiene colores claros.

Lamentamos informarle que no se dispone actualmente de algún tratamiento para lo que a usted le está sucediendo. Aun así quédese tranquilo que continuaremos con la observación y la obtención de muestras para analizar.

Agujas, piel, líquidos espesos y otros más livianos. Metales cromo-plateado, fríos como ellos mismos lo son, inconfundible sensación al tacto. Profesionales bien presentados, peinados, planchados, lavados, sin ningún botón que no esté prendido.

No sabemos con exactitud si nos pusiéramos a hablar de tiempo, y francamente no es algo que podríamos decir ligeramente sin tener la seguridad suficiente.

Boca seca, mirada quieta pero curiosa. Todas las paredes son tan iguales que marean. Sabanas suaves y limpias, pero frías. Almohadas finas casi sin relleno, almohadas casi sin almohada.

Quiero ser honesto con usted. No hay nada que nosotros podamos hacer. Es lamentable, pero es la verdad, y usted merece saberlo. Quiero, además, decirle algo que espero nadie escuche y usted tampoco vuelva a repetir…

Ojos que siguen abiertos, corazón que sigue latiendo. Aire que sigue entrando y saliendo.

Le quiero aconsejar de forma personal…

Cuerpo cansado, mente agotada. Alma indomable.

Haga lo mismo que ha estado haciendo hasta ahora, sólo disfrútelo más.


[12 de Mayo de 2014]

20140517

Ojos café


Viento levemente frío. Humedad moderada.
Aún así los vidrios se empañan.

Qué inútil es elegir sentarse al lado de una ventana que en cada sorbo pierde su transparencia.

Blanco, blanquecino, neblinoso. Tanto éste campo de fuerza, que lo separa proponiendo un adentro y afuera, como ese leve humo-vapor que lentamente va penetrando su nariz, transportando en él el aroma tan particular del confort de estar solo y de estar con uno mismo, al mismo tiempo.

Entre tanto la burbuja aromática y reflexiva se va empañando, al igual que el ventanal, las miradas ajenas intentan penetrarla sin mayor intención y esfuerzo. Tal vez por mera curiosidad de lo de inusual de la ocasión.

Pero hubo un par…

Sólo un par que logró desempañar unos pocos centímetros de ella. Y la indefinible estabilidad que se había logrado dentro comenzó a perturbarse.

Unos grandes ojos color café estaban ingresando en propiedad privada, sin querer. Sin siquiera proponérselo.

Entonces él se resistió en vano. Porque mientras la burbuja de a poco se iba cristalizando, en su interior un deseo de mirar afuera, a aquello que lo miraba, cobraba fuerza.

Antes de que se enfríe observó la taza detenidamente.
Tomo el último sorbo, y con él su mirada.

El aroma se esfumó, las  reflexiones deflexionaron, y la burbuja se rompió.


[6 de Mayo de 2014]

20140501

Picaporte


Se detuvo segundo después de que su mano se aferrara al picaporte. Apartó la mirada hacia un lado, y mientras ésta comenzaba a temblar, se cuestionó algo que hace tiempo daba vueltas dentro de su cabeza.

¿Para qué se necesitará tener más huevos? ¿Para irse? ¿O para quedarse?

La duda lo inmovilizó por completo, paralizando todo su cuerpo, incluso aquella mano que estaba a punto de girar, pegada al picaporte.

Sin embargo su mente seguía inquieta, y él no paraba de intentar descifrar si abrir la puerta y dar un paso adelante lo trasformaría en un hombre valiente, o en un pequeño cobarde.

¿Para qué se necesitará más huevos…?


[17 de Marzo de 2014]

Ya no habrá más dolor


Breve y explosivo.
Rápido, preciso.

Ruido seco y certero.
Cálido, frío.

Arde, empieza a doler.

Olor a navidad y año nuevo.
Risas de amigos,
imágenes de la adolescencia.

Mirada quieta pero latente.

Los brazos relajados en el piso.
Ya no habrá más problemas,
no más pesadez,
no más padecimiento.

Con éste dolor ya no habrá más dolor.

Sólo una mueca
de sonrisa en mi cara.

El triunfo del deseoso de morir,
el trágico final del que aún vivía en él.
El asesinato del otro,
nunca el de uno mismo.

Un instante
prometedor de alivio.
Un momento
en el cual no habrá verificación.

Con éste dolor ya no habrá más dolor.

Ya no, no más.


[3 de Marzo de 2014]

20140411

Pueblo


El hombre de ciudad se había dado cuenta que era hombre de ciudad.

El hombre multifunción se conoció obsoleto ante diferentes funciones: detenerse, mirar las estrellas, respirar hondo como si fuese su último suspiro, amar ciegamente sin motivos; entre ellas.

El hombre de ciudad descubrió que en realidad el piso no era de cemento, sino de tierra, y que éste siempre fué así.

El hombre atareado se vió sin tareas. Sin más tarea que la de dejar enfriar su mente.

El hombre sin tiempo consiguió tiempo.

El hombre preocupado se encontró esta vez más preocupado aún al advertir que había hallado, quizás un poco tarde, su lugar en el mundo. Pero que de todas formas eso ya no importaba.

El hombre racional, que todo lo piensa y analiza, se dejó hamacar por la suave brisa de los sentimientos que salen cálidos como el sol en un helado amanecer en el campo.

El hombre cuidadoso se dió cuenta que al sol es mejor mirarlo sin gafas, sentirlo sin vidrios de por medio, que al mundo se lo escucha mejor sin auriculares, que los sentimientos se sienten más sin apuros, sin recelos, sin pensamientos que distraigan, sin horas marcadas y segundos de cruzadas, sin "dejémoslo para mañana que ahora estoy muy cansado". Sentimientos sentidos al fin.

El hombre tecnológico descubrió las verdaderas obras en función jamás creadas por los ingenieros: los animales. Productos perfectos, auto-eficientes, auto-sustentables, sin errores ni fallas de fábrica, dinámicos y reciclables.

El hombre despierto corroboró la diferencia entre los veinte minutos de siestas en los colectivos a las horas de profundo sueño en aquella reposera bajo el sauce... el jamás se pasaría de parada.

El hombre nutrido entendió que las comidas se comen en la mesa con familia y amigos, y no entre caminos de un lugar a otro, solo en bares sentado contra la pared o en plazas ruidosas repletas de palomas.

El hombre de ciudad se sintió pobre con tanta cosa que traía sobre sí, tantas cosas que nunca necesitó. Se sintió analfabeta con sus títulos encima, se quedó callado y olvidadizo de los discursos prefabricados que había elaborado y fundamentado hasta el momento. Se vió desnudo y descalzo en una jurisdicción que nunca le habían dicho que era suya.
El hombre se sintió humano, en equilibrio, se sintió parte de un mundo y no de un sistema. El hombre dejó de ser hombre, y comenzó a ser.

[20 de Junio de 2013]

Placer


Tu piel y mi piel, tu mirada y mi mirada.
El placer de estar tan juntos y tan lejos de uno mismo.
La elevación, los colores y tu espalda,
la despersonalización.
Las muecas, tus ojos y los olores asociados
a la droga que producimos.
La temperatura externa, interna y mental.
Ya nada tiene equilibrio.

Subir el amor hacia mí gracias a tu amor,
que subas tu amor propio al ver mi satisfacción.
Las pequeñas grietas de tus labios
mitad húmedos-mitad secos.
Tu pelo encendido,
flameando y esparciéndose en la cama entera,
haciendo sacar chispas de combustión
a punto de encender cada cosa que toque.
Derrumbas paredes, derrumbas mis paredes
que de a poco empezaba a levantar.
Tocas el cielo con tus manos y el infierno con tus piernas,
me tocas a mí sin miedo a quemarte.
Sos inmune al odio y a todo tipo de negación.
Estas enferma de lujuria al igual que yo,
al igual que yo.

El éxtasis nos eleva tanto como nos hunde.
Infaltable el simple juego de entrar y salir,
entrar y salir.
Tus pechos rosando mi nariz y acariciando mi cara
en movimientos circulares,
tu cuello estirado entre mis dientes
y mis manos
con las ansias insatisfechas de desgarrarte la espalda.

Derrumbamos el palacio que nunca nos propusimos construir.
Estamos quemando absolutamente todo.
Nuestras mentes corren sin tomar aire
mientras nuestros pulmones piden una pausa…
Una pausa.
Una pausa para tomar aire y seguir.

Hoy no salimos vivos, amor.
Hoy morir es lo ideal,
para que esto termine y nosotros también.
Morir sería el mejor final,
desaparecer en esa última llamarada intensa
antes de que el fuego se apague y no vuelva a prender jamás.
Porque no somos un fénix, no,
volver a surgir de las cenizas no es nuestro plan.
Nosotros explotamos y desaparecemos,
tan rápido e insensato como un tiro en la cien.
Sólo queda lo muerto que pronto el polvo sepultará,
y que será bien recordado.

Esta noche hacemos una oda a la vida y a la muerte,
y a su eterna batalla.
En donde aún  no se sabe bien por qué se lucha,
y en donde las bombas nucleares de la razón,
las flechas dolorosas de los sentimientos ilógicos
y la tragedia
que siempre propone el fin más esperado pero menos querido,
son los soldados más condecorados.

Gemís y sonrío, me abrazas y te beso.
Me preguntas qué hora es
y yo no recuerdo ni siquiera en dónde estamos.
Corres sin parar dentro de mí,
jamás te vi quieta,
y es cuando entre perplejidades descubro
que me estas masturbando la mente.
Dejando que mi cuerpo sólo sea un pobre sirviente
de aquella lady que quiere dejar de serlo.
Al menos por un par de horas.

Es interesante tener la certeza  de que estás viéndome
de forma mucho más nítida sin aquellos lentes
que tanto mi atención llamaban…
Más de una vez pensé en romperlos
para que al salir de acá lo veas todo diferente,
como lo voy a ver yo.
Ser tu antes, tu durante, y tu después.

Todo se resume en esos segundos,
en este momento único para ambos.
Un estallido en la jungla donde las aves vuelan a más no poder,
la bomba atómica y sus millones de víctimas,
un salto bongie sin soga,
una granada que jugó a hacerse esperar tanto,
una droga que ha llegado al núcleo de la neurona.
El último abrazo, el último beso, el último roce de manos,
el último adiós…

Entonces me dejo caer sin más preocupación,
y tú ya desganado cuerpo me sigue sin pedir permiso
y sin poner excusa.

Despejas el manto de tu pelo hecho cenizas para verme.
Las ventanas de tu mente muestran esos agujeros negros
que aún no tienen la fuerza suficiente para volver a encogerse,
y que me dejan ver un poco de tu esencia…
Sólo un poco, sólo por unos segundos.


Los sentidos caen en picada, la mirada se marea
y apunta al techo tan insípido y tan repentinamente quieto…
El fuego se apagó y la oscuridad ahora reina.

Ya nada será igual.

[26.11.12-04.06.13]

20140329

Tiempo al tiempo

"Tiempo al tiempo"
sin tanto tiempo que haya por perder.

El reloj no perdona y la piel
aún se sigue marcando de cicatrices.

"Quiero arder" al oído,
en una noche invernal de febrero,
sin amor,
tres semanas atrás.

Semanas que fueron cuatro días.
Cuatro días que fueron de cási cinco horas,
y horas con sus minutos y segundos completos,
igual que todos,
ni más rápidos ni más lentos.

"Tiempo al tiempo"
sin tanto tiempo que haya por perder.

Pero si no hay nada que perder,
y el tiempo va a seguir igual...
¿Por qué para evitar el contacto
la mirada siempre recae sobre el reloj?



20140321

Paraguas

Llueve en la ciudad, y con ello todos se esconden en sus refugios.

 Cada gota que cae al piso es un recuerdo que se rompe en miles de imágenes, salpicándome la cara de un pasado no tan pisado, de un pasado no tan lejano, de un pasado que no pasó.

 De repente bajo el paraguas y decido sentirlas. Antes, cuando el sol me castigaba por el verano, pedía repetidas veces que una lluvia espontanea refresque mi calurosa cabeza. Y ahora, que el fenómeno se está dando en pleno momento, sería hipócrita de mi parte que de ellas me cubra.

 Logro ver la luz naranja en lo alto, y como cada diminuta partícula de agua que se interpone entre mi mirada y la luz son ahora vistas como balas perdidas que se pusieron de acuerdo para caer en un mimo lugar. Balas que fueron disparadas por otros, y nunca por uno mismo.

 Las ráfagas impredecibles de viento húmedo y frío de vez en cuando distraen mi vista tan concentrada en la nada del piso para dirigirla a la nada de la próxima pared, a la nada de mis zapatos mojados, a la nada del otro poste de luz, o la nada de la nada que observo cuando me esfuerzo en ver eso que allí no está. Percatándome así, que no estoy mirando hacia afuera, sino hacia adentro.

 Basta con unos minutos más para que  se oscurezca toda mi ropa y que las pequeñas gotas de agua que se adherían a mi rostro ahora formen ríos que caen sin aviso, lavándolo.

 Entre tanto mirar sin mirar afuera, y mirar y mirar adentro todo se resuelve cuando logro verme a mi mismo. Ahí, sentado en el banco de la peatonal de una ciudad que parece muerta. Esperando todo aquello que con certeza sabía que no iba a ocurrir, pero que una pequeña e ingenua esperanza me hizo tomar el paraguas para salir a buscar y encontrar, de una vez por todas, una verdad alojada en una sola frase que mi mente razonable repetía sin cesar, pero que un sentir moribundo quería evadir: no va a venir.


[25 de Febrero de 2014]

Ruta

Nubes,
caballos blancos que galopan
sin sentido en el cielo.

Humo,
fantasmas sin formas
de alguna nostalgia ajena
que le agarró gusto al desvelo.

Dientes en una boca
semi-abierta,
puertas que no se abren
fácilmente sin su llave.

Olor indiscreto,
sabanas arrugadas
sin querer queriendo.

Pastillas,
llamar a amigos
mientras están durmiendo.

Cabello oscuro,
sangre en forma
de árboles
decorando una piel blanca.

Juegos,
larga caminata reflexiva.

Lágrimas,
accidente en la ruta
a las cuatro a.m.

Vida,
competencia
del tiro al blanco.

Traición,
el país de nunca jamás.


[13 de Febrero de 2014]

Fragancia a lavanda

 Gigantes montañas crecieron de repente, como por acción de un nuevo big bang en pleno microcentro.  Resulta aún costoso como increíble ordenar mi cabeza para pensar y contar el número de personas que viven en unos mismos metros cuadrados. Unos arriba de otros, con escaleras y ascensores que son el camino cotidiano y ya hecho parte de la rutina que te lleva a casa. A casa que no es casa, que trae ese olor salido de una lata que huele a lavanda. Ese olor que no es a padres (que no es a mis padre) que no es olor a comida recién cocinada, de todos los días, impregnada en las paredes y en los manteles. Aquí hay olor a apuntes maltratados y llenos de resaltadores que suponen resaltar lo importante, del capítulo más importante, de libro más importante, del autor más importante, dentro de los otros importantes autores más reconocidos. Ese olor que bien sé que no es olor, y que prefiero llamar fragancia.

 Desde arriba se ve todo, pero también todo aquél que se frene y alce la vista logrará verme. No puedo gritar, almorzar desnudo con las ventanas abiertas o poner el volumen de la música en el número ochenta. No puedo tener mascotas, ni azotar las puertas si el día me lo aconseja. Tampoco coger, o dormir a las tres de la tarde, según dicte la ocasión.

 Mi patio se reduce a ese hermoso y tan vistoso pedazo de piso con barandas desde el cual veo la gran jungla de cemento. Todo es tan hermoso en la ciudad. Lo que busque se encuentra, lo que no busque también. E incluso es muy habitual que me halle buscando cosas que no quiero encontrar ni por accidente.

 Las comodidades antes lujosas son ahora una necesidad primaria. Los sillones post modernos en el living; el cenicero decorativo símil coleccionable, tan inútil como plantas de plástico en masetas con tierra, reposa como centro de mesa en el departamento de alguien que no fuma, como yo. O que si lo hago una pequeña culpa no permite que manche un objeto, en apariencia tan delicado, con algo tan burdo y ordinario como lo son las cenizas. Como muchas veces me siento. Como ahora… una mínima y diminuta ceniza de algo ya quemado y consumido amontonada entre otras millones más. A punto de salir a volar por una que otra pequeña ráfaga de viento, hasta donde su impulso llegue, y esperar que otra me recoja para iniciar otra vez un breve e incierto viaje.

 En las paredes hay fotos y fotos de personas que digo me han acompañado a lo largo de mi vida, y otras, que sólo estuvieron en el momento justo, antes de que la cámara dispare. Esas imágenes que representan aquello ausente ahora, aquello que no quiero olvidar por más difícil y dudosa que se ponga mí mente. Olvidando lo mejores momentos de mi vida y reviviendo aquellos que no he podido sepultar.

 Esta noche la ruleta rusa se puso en acción sin previo aviso. Aproximadamente tres disparos al aire anunciaron la muerte de alguien inocente, y por quien ahora sus familiares lloran con gritos estridentes.

 He querido esto por mucho tiempo, y aún sostengo que lo quiero. Pero esta noche… ver llorar a otros me hace recordar que en casa esto no era llorar, esto se llamaba llover.


[3 de Febrero de 2014]

La otra costa

No es la distancia real lo que determina la cualidad de ésta dificultad. Es más precisamente, lo presente pero imperceptible que existe dentro de esa distancia.

Estoy cerca, pero sé que lo costoso del tramo hará que se vea tan lejos… tanto que mi cara al verlo no procese ninguna mueca de alegría o esperanza.

Entonces, si la corta distancia  alienta pero su dificultad intimida ¿Qué se supone que debo hacer?

Miraré y miraré, como lo he hecho ayer y antes de ayer. Planeando e imaginando las diferentes alternativas.

Quizás mañana sea el día. Quizás mañana lo vea todo desde la otra costa.

[28 de Enero de 2014]

Dos pasos torpes

Ambos han estado a menos de cuarenta centímetros de distancia, el uno del otro, durante más de unos diez minutos.

 Él con sus auriculares relucientes, en su volumen número ocho sobre diez. Comprados con el objetivo de no escuchar más que su música, alejada de los molestos ruidos de la ciudad. La publicidad era clara: ‘¡No escuches más que lo vos quieras escuchar!’.
 Ella con sus lentes oscuros, que le había regalado su ex-mejor-amiga durante las vacaciones a Mar del plata, se esforzaba un poco para ver bien bajo las sombras del pleno día. Le encantaban como le quedaban.

 La miraba y no tenía en claro si ella se concentraba en batir su record de escribir más de diez palabras por segundo sobre su celular, hacer ese ruido tan característico cuando se mastica un chicle con la boca semi-abierta (según imaginaba), o si sólo quería relucir sus uñas recién pintadas.

 Lo veía y hacía el esfuerzo para intentar reconocer lo poco pero ruidoso que sonaban esos mini-parlantes a todo volumen colgados de su cabeza. Tenía una barba desprolija y una mirada que se enfocaba y paralizaba cada  vez que algún solo de guitarra irrumpía en la armonía de la canción. Se preguntó cuál sería su edad, y creía estar en lo cierto si pronunciaba un ‘veinte… veinti algo’. Asumió que esa música no era de su agrado y que, dudosamente, en un futuro tampoco lo sería.

 Odiaba no poder ver sus ojos. Lo incomodaba no saber cuándo mirarla y cuándo no, ya que desconocía cuándo ella lo podría estar mirando. Se dedicó unos segundos a maldecir el porqué del uso de gafas de sol en pleno otoño, cuando las hojas construyen alfombras rústicas en las calles y castillos dorados en cada esquina. Consideró gustarle su boca y su nariz. Hasta supuso que también le era de su agrado aquel pequeño y entrometido olor que de ella provenía, ‘un perfume suave’ se dijo.

 Esa canción le sonaba familiar. Tenía en la punta de la lengua y a metros de distancia en su memoria el nombre que llevaba... ‘¿Es necesario escuchar tan fuerte la música?’ Se preguntaba con un gesto mudo y quejoso. Aunque no podía decidir si su queja se dirigía aún hacia el volumen o más hacia la laguna mental que se le presentaba al buscar el título de la canción.

 Ambos avanzaron unos pasos más en la cola. Acostumbrada a querer aparentar ser una joven solicitada y misteriosa no paraba de mirar su celular para ver la hora y hacer que escribía. Mientras no hacía más que releer una y otra vez el ‘No te olvides de traerme cigarrillos. Besos’ que había sido él último mensaje de su madre hace ya dos horas. Él, por su parte, subió a diez sobre diez el volumen, esa canción que empezaba a sonar era una de sus favoritas. El movimiento de cabeza marcando el ritmo le era inevitable.

 Releyendo un conversación que había tenido con una amiga sé lo topó con un pequeño empujón, torpe quizás, al dar dos pasos de más sin advertir que él ya se había detenido hacía unos segundos.

—Uy, diculpame —Le dijo moviendo los labios. Ella seguía molesta con el volumen de la música y sabía que él muy poco la iba a escuchar.

—No, está bien —Dijo al darse vuelta con una sonrisa en la que quiso demostrarle lo muy simpático que podría llegar a ser.

 Transcurrió aproximadamente una canción más para él y unos dos mensajes enviados en el celular de ella para que ambos jóvenes dejen de hacer lo que estaban haciendo.
Él apagó su música y bajó sus auriculares para dejarlos reposar alrededor de su cuello, mientras ella tiraba su celular dentro de la cartera y de la forma más disimulada que podía se quitaba las gafas.

 Ellos no lo sabían, pero ambos, casi sincronizadamente, empezaban a sonreír.

[26 de Noviembre de 2013]