Tu piel y mi piel, tu mirada y mi mirada.
El placer de estar tan juntos y tan lejos de uno mismo.
La elevación, los colores y tu espalda,
la despersonalización.
Las muecas, tus ojos y los olores asociados
a la droga que producimos.
La temperatura externa, interna y mental.
Ya nada tiene equilibrio.
Subir el amor hacia mí gracias a tu amor,
que subas tu amor propio al ver mi satisfacción.
Las pequeñas grietas de tus labios
mitad húmedos-mitad secos.
Tu pelo encendido,
flameando y esparciéndose en la cama entera,
haciendo sacar chispas de combustión
a punto de encender cada cosa que toque.
Derrumbas paredes, derrumbas mis paredes
que de a poco empezaba a levantar.
Tocas el cielo con tus manos y el infierno con tus piernas,
me tocas a mí sin miedo a quemarte.
Sos inmune al odio y a todo tipo de negación.
Estas enferma de lujuria al igual que yo,
al igual que yo.
El éxtasis nos eleva tanto como nos hunde.
Infaltable el simple juego de entrar y salir,
entrar y salir.
Tus pechos rosando mi nariz y acariciando mi cara
en movimientos circulares,
tu cuello estirado entre mis dientes
y mis manos
con las ansias insatisfechas de desgarrarte la espalda.
Derrumbamos el palacio que nunca nos propusimos construir.
Estamos quemando absolutamente todo.
Nuestras mentes corren sin tomar aire
mientras nuestros pulmones piden una pausa…
Una pausa.
Una pausa para tomar aire y seguir.
Hoy no salimos vivos, amor.
Hoy morir es lo ideal,
para que esto termine y nosotros también.
Morir sería el mejor final,
desaparecer en esa última llamarada intensa
antes de que el fuego se apague y no vuelva a prender jamás.
Porque no somos un fénix, no,
volver a surgir de las cenizas no es nuestro plan.
Nosotros explotamos y desaparecemos,
tan rápido e insensato como un tiro en la cien.
Sólo queda lo muerto que pronto el polvo sepultará,
y que será bien recordado.
Esta noche hacemos una oda a la vida y a la muerte,
y a su eterna batalla.
En donde aún no se sabe bien por qué se lucha,
y en donde las bombas nucleares de la razón,
las flechas dolorosas de los sentimientos ilógicos
y la tragedia
que siempre propone el fin más esperado pero menos querido,
son los soldados más condecorados.
Gemís y sonrío, me abrazas y te beso.
Me preguntas qué hora es
y yo no recuerdo ni siquiera en dónde estamos.
Corres sin parar dentro de mí,
jamás te vi quieta,
y es cuando entre perplejidades descubro
que me estas masturbando la mente.
Dejando que mi cuerpo sólo sea un pobre sirviente
de aquella lady que quiere dejar de serlo.
Al menos por un par de horas.
Es interesante tener la certeza de que estás viéndome
de forma mucho más nítida sin aquellos lentes
que tanto mi atención llamaban…
Más de una vez pensé en romperlos
para que al salir de acá lo veas todo diferente,
como lo voy a ver yo.
Ser tu antes, tu durante, y tu después.
Todo se resume en esos segundos,
en este momento único para ambos.
Un estallido en la jungla donde las aves vuelan a más no poder,
la bomba atómica y sus millones de víctimas,
un salto bongie sin soga,
una granada que jugó a hacerse esperar tanto,
una droga que ha llegado al núcleo de la neurona.
El último abrazo, el último beso, el último roce de manos,
el último adiós…
Entonces me dejo caer sin más preocupación,
y tú ya desganado cuerpo me sigue sin pedir permiso
y sin poner excusa.
Despejas el manto de tu pelo hecho cenizas para verme.
Las ventanas de tu mente muestran esos agujeros negros
que aún no tienen la fuerza suficiente para volver a encogerse,
y que me dejan ver un poco de tu esencia…
Sólo un poco, sólo por unos segundos.
Los sentidos caen en picada, la mirada se marea
y apunta al techo tan insípido y tan repentinamente quieto…
El fuego se apagó y la oscuridad ahora reina.
Ya nada será igual.
[26.11.12-04.06.13]