El hombre de ciudad se había dado cuenta que era hombre de ciudad.
El hombre multifunción se conoció obsoleto ante diferentes funciones: detenerse, mirar las estrellas, respirar hondo como si fuese su último suspiro, amar ciegamente sin motivos; entre ellas.
El hombre de ciudad descubrió que en realidad el piso no era de cemento, sino de tierra, y que éste siempre fué así.
El hombre atareado se vió sin tareas. Sin más tarea que la de dejar enfriar su mente.
El hombre sin tiempo consiguió tiempo.
El hombre preocupado se encontró esta vez más preocupado aún al advertir que había hallado, quizás un poco tarde, su lugar en el mundo. Pero que de todas formas eso ya no importaba.
El hombre racional, que todo lo piensa y analiza, se dejó hamacar por la suave brisa de los sentimientos que salen cálidos como el sol en un helado amanecer en el campo.
El hombre cuidadoso se dió cuenta que al sol es mejor mirarlo sin gafas, sentirlo sin vidrios de por medio, que al mundo se lo escucha mejor sin auriculares, que los sentimientos se sienten más sin apuros, sin recelos, sin pensamientos que distraigan, sin horas marcadas y segundos de cruzadas, sin "dejémoslo para mañana que ahora estoy muy cansado". Sentimientos sentidos al fin.
El hombre tecnológico descubrió las verdaderas obras en función jamás creadas por los ingenieros: los animales. Productos perfectos, auto-eficientes, auto-sustentables, sin errores ni fallas de fábrica, dinámicos y reciclables.
El hombre despierto corroboró la diferencia entre los veinte minutos de siestas en los colectivos a las horas de profundo sueño en aquella reposera bajo el sauce... el jamás se pasaría de parada.
El hombre nutrido entendió que las comidas se comen en la mesa con familia y amigos, y no entre caminos de un lugar a otro, solo en bares sentado contra la pared o en plazas ruidosas repletas de palomas.
El hombre de ciudad se sintió pobre con tanta cosa que traía sobre sí, tantas cosas que nunca necesitó. Se sintió analfabeta con sus títulos encima, se quedó callado y olvidadizo de los discursos prefabricados que había elaborado y fundamentado hasta el momento. Se vió desnudo y descalzo en una jurisdicción que nunca le habían dicho que era suya.
El hombre se sintió humano, en equilibrio, se sintió parte de un mundo y no de un sistema. El hombre dejó de ser hombre, y comenzó a ser.
[20 de Junio de 2013]