Arte,
éxito de aquel que
no ha logrado comunicarse
con su entorno de forma habitual,
de aquél
que no se ha hecho entender
como él quisiera,
o como los demás hubiesen querido.
Artista,
constante locura regulada
sufrimiento pleno trasformado
en algo manifiesto,
que mucho, pero que poco
(en apariencia)
tiene que ver con su origen.
Arte,
material que llora por si solo,
que duele y arde para su creador,
que hace sentir incomodidad
al público,
que se siente una ligera incertidumbre
de no saber qué siente,
si dolor, alegría, ganas de llorar, de reír
o simplemente de suspirar.
Artista,
condenado a ser él.
condenado a no dejar de ser él.
Atrapado en una forma de expresión
de su ser
que pocos entenderán,
que muchos observaran, escucharan,
y hasta se deleitaran con aquello
que el artista solo lo ha hecho
porque no puede dejar de hacerlo.
Arte,
medicina que no ha pasado de moda.
Sin indicaciones, ni recetas,
sin que haya un mejor laboratorio
que la produzca.
Aquella que probablemente
tenga más efectos secundarios,
más abstinencia, que genere más dependencia,
más tolerancia,
y que incluso aún se dude de su verdadero
poder medicinal.
Droga incierta, autoproducida por su paciente,
adicto e inmune (indiferente) muchas veces a su efecto.
Artísta,
paciente-padeciente del vivir
que hace algo en apariencia
sin sentido,
cuando en aquel reflejo casi involuntario,
en aquella pequeña pincelada para rellenar,
en aquel leve movimiento de manos
para armonizar un poco la éstetica,
en aquella nota que que se introduce como
un mero pasaje,
está exclamando un grito de su alma
que de otra manera no habría podido ser.
Arte,
Artista.
Arte-Artista-Arte.
[30 de Mayo de 2014]