No estoy entendiendo bien qué es lo que les preocupa tanto… Todos ustedes saben que en algún momento iba a morir. Quizás no por esto, quizás no de ésta forma. Como sea, es lo mismo. En algún momento iba a pasar, y por si se están haciendo los desentendidos lamento recordárselos: ustedes también van a morir. Mi caso quizás sea más trágico porque existe ahora la certeza de un mínimo de tiempo, pero es exactamente eso mismo lo que no están entendiendo, ustedes no tienen esa certeza y no los veo preocupados.
¡Dejen de verme con pena! O peor, de falsear esas sonrisas cuando antes y después lloran. No estoy muerto ¡no aún! ¿Qué creen que va a pasarme después de ésto? ¿Piensan que voy a ir a algún lado? ¿Piensan que esto es lo último o lo primero, o ambos? Basta de tanto lamento disfrazado de compasión. Yo no estoy tan mal, como verán. Los veo peor a ustedes que a mí mismo cuando me miro al espejo.
Miren, ciertamente entiendo su dolor. No es algo a lo cual le esté siendo ciego, pero entiendan que esto no debe significar nada. No he decidido venir a éste mundo, y como sabrán ahora, más ustedes que yo, no decido tampoco irme de él. Pero hay algo que tendrían que tener muy en cuenta y que veo que están pasando por alto: he decidido vivir. Y quizás esa sea la decisión más grande de todas. Es decir, si no le he puesto principio ni final a este cuento ¿qué mejor que darle una buena trama? ¿qué mejor que mantener atrapado al lector? He vivido como he querido y podido. Eso vale más que cómo llegué y que cómo me voy. Esas cosas ya no importan, son insignificantes en comparación. Son el primer y último párrafo de este libro de innumerables páginas.
¡Basta médicos y doctores! ¿Cuántos años más de ciencia tienen que pasar para que dejen de jugar a ese simulacro de ser mini dioses? ¡Voy a morir! Y esa es la única verdad ahora, la más actual y precisa, y la mejor de todas las provisorias.
Pero les pido algo, un último deseo. Mírenme. ¡Mírenme cuando muera! Vean el destino humano hacerse verdad. Miren como mi corazón se detiene, como mis ojos se despojan de brillo. Perciban como mi temperatura desciende. Como paso de ser una persona, un paciente, una vida, a un simple cuerpo sin vida, a una estadística mal redactada en el diario de los domingos. ¡Miren como esto les va a suceder a ustedes!, y van a entender en algún momento que la muerte no es nada. Que no hay dolor en la muerte, no. El dolor sólo se siente cuando aún estamos vivos.
¡Ni un minuto más de ésto! ¡Basta de querer ponerle dignidad a mi vida! ¿Dignidad a mi muerte!? ¿¡Acaso morir nunca es digno!? ¿Para qué querré yo morir antes? Asesínenme, y si les sirve piensen que han hecho lo correcto. Serán esos dioses a los que tanto les gusta jugar.
¡No decidan por mí! Aún los puedo ver, aún los puedo escuchar, ¡aún vivo! Déjenme en paz, ¡déjenme disfrutar de la muerte!, déjenme sentir como de a poco ella me va tomando. Disfruté toda mi vida, y es hora de que empiece a disfrutar de ella. No se anticipen, no sean impacientes, ya va a llegar. Lo sabrán… lo sabrán. Ya va a llegar.
Soporten ver éste dolor humano, acepten lo frágiles que somos después de todo. Acepten, que a ustedes también les va a pasar esto. Acepten su condición de mortales. Acepten que nacemos para esto: vivimos, y morimos. No me ceden, no me duerman, no me tranquilicen ¡No quiero estar tranquilo! ¡No quiero estar dormido! ¡Quiero estar bien despierto cuando suceda!
¡¡¡DEJENMÉ SUFRIR, DEJENMÉ VIVIR!!!
[22 de Mayo de 2014]