20120923

De estar harto


 Harto de pensar en ideas que no llevan a ningún lado, de su infinidad  de volver y volver al mismo lugar donde empezaron, y hacer por ende el mismo recorrido una y otra vez.
 De soñar y tener que despertarme. De escuchar sonidos fuertes que me sacudan, de escuchar hasta el silencio que me sepulta. De ver la oscuridad y siempre buscar la luz. De ver la luz y quedarme ciego. De saber sin saber, de no saber pero saber que sí.

 De que todo sea momentáneo. De que el vivir sea una tragedia. De que todo sea una tragedia. De que sea el único puto animal que sepa que va a morir, y que aún así desee vivir. De buscar motores que no encienden mis ganas. De buscar ganas donde no hay motores hace rato. De intentar, de probar, de fallar, de tener éxitos, de volver a intentar. De renunciar a cosas que no quiero, y aún querer cosas a las que he renunciado hace tiempo. De tener que tramitar duelos cada día. De saber que puedo morir en cualquier instante. De planear a futuro. De mirar más allá, donde más allá realmente no se alcanza a ver. De confiar y tener que volver hacerlo. De ilusionarme, de ilusionarme.

 De que todos lo vean tan simple, de que yo lo vea complicado. De que complique lo simple y vea simples mis complejidades. De escribir y escribir sin llegar a ningún lado. De usar esto como descarga. De la descarga. De buscar cargarme en algún momento sin saber dónde. De que descargarte sea siempre explosiva y que la carga nunca la vea y sea tan pasiva.

 Harto de ser, de estar, de no querer estar, de querer y tener que seguir, del desgaste continuo. De saber que nada dura para siempre, de alegrarme que nada dura para siempre. De sentir miedo, de sentir dolor, de tener miedo a no sentir. De crecer,  y crecer, cuando cada vez más quiero volver al interior del útero.

 De relacionar todo, de llenarme de asociaciones, de remitir eso a aquello, aquello a mí, y a mí a éste momento. De analizarlo todo, de sentirme una estatua que piensa, que no actúa. De no actuar, de no actuar. De actuar y no tener que haberlo hecho.

 Harto de tener tantas y tantas opciones que no me quede opción que tener que elegir o decidir entre ellas. De tener que decidir. Y de que si aún no lo hago en realidad lo esté haciendo de todas formas.

 De que me guste estar apurado. De que ame la adrenalina, de que ame el peligro. De preferentemente funcionar bajo presión. De perderme en el “no llego, no llego”.

 De ser tan tranquilo casi siempre, y de tener en mí una destrucción pacífica.

 Harto de mirarme y ver siempre al mismo. De querer ser otro cuando nunca dejo de ser yo. De estar orgulloso de ser yo y darme cuenta de que me estoy pareciendo más a otro.

 De recordar y sentir, de sentir, de tener que recordar. De ver imágenes que ya borré, de curiosear carpetas que ya formatee. De respirar y que el aire no me llene, y creer que me falta un espacio por cubrir. 

 Harto de fantasear con cada mujer que capte mi atención en esos segundos de apuros en las ciudades. De mirarlas, mirarlas, y seguir mirándolas.  De que en ese instante empiece a construir la casa, adoptar el perro y comprar las cosas para el bebé. Cuando cada día confirmo más que en lo profundo de mi rebota ese “quiero vivir solo, quiero estar solo”.

 Del tacto, de la frialdad, del afecto, los sentimientos y del sexo. Del sexo. De no tenerlo, de tenerlo en exceso, de extrañarlo. De no querer recordarlas. De recordarlas, ponerme mal, y ponerme bien. De no llorar. De llorar por ellas. De pensar en sexo cuando no lo tengo, y sobre todo, de pensar mientras lo tengo.

 De buscar mujeres libres para jugar a ver quién atrapa a quién. De siempre perder. De ganar con alguien que nunca estuvo en el juego. De que haya trampas, y de que no las haya. De aún no saber distinguir cuáles de ellas son Monarcas, y cuales son Virrey.
 Harto de ver a la mujer como la mayor obra de arte y acompañarlo del mayor potencial patológico a punto de explotar. De mirar y no hablar. De no hablarles, de no hablarle. De no animarme, de no pararme cuando tengo que hacer, de no saber cuándo tengo que hacer algo. De no querer comerme esa estupidez de que hay momentos indicados, y de creerlos firmemente cuando se dan. De creer en accidentes, de que me gusten. De atraer el dolor, y de confiar en que no lo atraigo, pero buscarlo.

 De llenar mi vida de letras y números que flotan a mi alrededor. De que se le sumen imágenes destellantes como relámpagos. De que mi nariz no funcione pero experimente olores. De que me sienta una piedra y tenga sentimientos cuando menos lo espero. De que me aturda de escuchar las imbecilidades y no entender como mis oídos siguen funcionando. De llenarme y llenarme de todo, y de que aun así, a veces, sienta un vacío.

 De no tener otra opción que respirar la puta contaminación que todos emanan.

 Harto de tener que ver como todos van muriendo y yo sigo vivo, de ver como todos se sienten tan vivos y yo no. De la vida, el amor, la muerte y el sexo.

 De la inestabilidad, y de la estabilidad que aburre. Del aburrimiento que me lleva a ser creativo. Del aburrimiento que me lleva a hacer estupideces, del que me lleva a al pasado, del que me lleva al futuro y de una patada me deja de vuelta en el presente.

 De querer dormir y seguir escribiendo.

 Harto de acostarme y que todos los pensamientos me invadan, cuando lo único que busco es renunciar al mundo por al menos ocho horas. De pensar y pensar, y volver a pensar. De advertirme que al descansar mi mente siga corriendo más aún de lo que creo que cuando estoy despierto.

 De seguir escribiendo cuando creo que me quedo sin ideas. De tener miedo a quedarme sin ellas. De tener miedo a llenarme de ellas y no sacarlas. De no sacarlas como quiero.

Harto de querer, deber o tener que dormir y sentarme aquí a escribir.

20120907

16069313pm

 Y bueno, supongo que cualquiera en esta situación diría algo como: "ahh -suspiro-, llegué"... No. No soy grande, no me considero como tal. Si bien llego a aceptar que personas mayores a mi edad tienen menor coeficiente intelectual.

 Intento no afligirme cuando pienso, a pesar de que me asfixie cuando llega el momento.
Estoy harto y sin motivo, ya ni creo que esta vida vaya a tener algún momento fijo. Ya no creo, ya no espero, y no siento, pero a veces duermo.
 Intento guiar mi vida entre sigilos a un buen camino, donde no haya perros que corran gatos, ni haya gatos que pidan cariño.

 Estoy afligido, cansado, y todo eso que puede llegar a decir algún anciano. Pero no me considero como tal, yo soy Jonatan, y Miguel. Y de vez en cuando surge Romero. Sí, ese fiel compañero que no se queda atrás ni como un viejo perro faldero.

 En este escrito, si bien no tiene sentido, no me exprimo en intentar resolver los problemas que muchos solucionan con un tiro.

 La gente hace nacer, hace crecer, pensar, vivir, perecer y volver a resurgir. Todos vivimos, morimos y a veces respiramos. Y es entonces cuando a mi mente se para, y digo: Hoy es mi cumpleaños.

[16 de Junio de 2011]


20120904

Linda extraña


Los minutos, los ruidos mecánicos.
Las luces, las líneas veloces del piso.
Los arboles fantasmales, la luna omnipresente.
La soledad, aquella fiel compañera de viaje.
Esta vez, ausente.
Esta vez, todos ausentes.

Pero, ¿qué tengo que decir?
cuando intento seguir siendo yo.
¿Qué has de querer escuchar?
Sin saber nada aún.
¿Qué tanto tienes por decir?
que no te debele por completa.
¿Qué tanto tengo por escuchar?
que realmente quiera.

En poco más de cuarenta minutos,
poco más de diecinueve kilómetros.
En poco más de cincuenta mil palabras,
poco más de diez miradas.
En poco más de cinco sonrisas ocasionales,
me has agasajado.
Has hecho de esto un doble viaje.

Porque solo te veré, a ti, queriendo que me veas.
Solo te hablaré, a ti, queriendo una respuesta.
Solo pensaré, que esto es aquí, y ahora.
Y quién sabe, si ya no habrá más nada.
Porque puede que todo se lo devore el olvido.
Como puede que no.

Pero aun así, mi linda extraña.
Aquí y ahora confirmaré,
que al escuchar cada palabra
emitida por tu delicada voz,
hoy has de alegrarme el día.
Hoy veré sonreír mi luna como Cheshire.

Y esta noche, mi querida,
habrás de grabarte en mi mente.
Esta noche ganaste la entrada a mi soñar.
Y en la oscuridad, ya has de bailar en mí pensar...

Espero en un tiempo, mi linda extraña,
poder volver a verte,
y hablarte un poco más.

[2 de Septiembre de 2012]

20120902

En el piso la ropa


 Se había demorado pocos minutos antes de levantarse de esa cama, pero eran suficientes. Había hecho de su mente un museo de reflexiones. No concebía algo concreto y sin distorsionar, más que de costumbre. Los pensamientos en él eran acumulaciones de hojas quemadas por el frío otoño, que el viento manipulaba a gusto. Estaba desorbitado.

 Más tiempo del usual le llevaba hacer cada movimiento que quería. No podía parar de pensar, de intentar encontrar eso que sentía que le estaba faltando. No estaba sucio, no se sentía así. No se había limpiado del pasado, tampoco. Sabía que no era algo solucionable. No logró lo que esperaba, no consiguió regenerarse, sea de la forma que sea.

 Estaba buscando su sombra, pero de ésta, extrañamente no había rastros.

 Mientras de a poco su pantalón iba subiendo intentó pensar si lo que realmente le pasaba era ese vacío que tanto había teorizado. Dejándose caer en la duda de que si al menos eso lo era, era algo, y no nada, como temía. Miró sus brazos, sus piernas. Le hubiese encantado ver el agujero negro que debían estar reflejando sus ojos entonces. Miró sus medias, no había ternura en ellas, tampoco había fantasmáticas sonrisas, no eran nada. Empezó a percibir todo tan monótono. No sin sentido, no en blanco y negro, pero claramente sin significado. Aquello que veía también podría haber sido otra cosa, y sin embargo no lo hubiese advertido.

 Por cada botón que prendía, se preguntaba algo diferente pero sencillamente incitador, que entre pausas se respondía: ¿Estoy arrepentido? No, obviamente no es eso lo que sostengo ¿Qué sucede entonces? Si sólo lo supiera, tendría la certeza de anclarme de alguna seguridad, sea cual sea ¿Estoy mal, o simplemente no estoy bien? Siento que ni siquiera estoy, que no debería.

 Tapó su dorso con la remera que lo estaba esperando en el respaldar de esa solitaria silla, y al acariciar su cara con el desliz de ella, soltó un suspiro. Seco quizás.

 Pasado sus merecidos minutos de desligamiento, vuelve su vista, la ve. Él sabe que nada será igual. Él sabe, más aún, que nada fue igual. No quiso que sea igual, ese nunca fue su propósito. Tampoco lo fue. Aunque no lo haya querido, de todas maneras, no lo fue. No se sintió, no como quería, no como esperaba, no como tendría. Fracasó. Sin hacer nada. Sin saber si hacer o no era algo decisorio para el momento.

 Ni toda la ropa que haya querido usar le iba a sacar ese sentimiento de desnudes. No por intimidad, no por confianza, mucho menos por sentirse libre y exteriorizado. Estaba solo, en el medio del océano, sin nadie. Sin nadie que él quiera, ya que de por sí, no quería a nadie con él. Se sitió sin techo en medio de una lluvia de cristales filosos, los cuales por más sangre que le robaran, no generaban reacción de dolor alguna. Era hijo de sí mismo, muerte de su ser, un Dios propio que estaba cansado de ver al mismo hombre perdido e inestable.

 Se sentó en la cama, pero él no quería. Soltó palabras al aire para responder, notando que al decirlas nos las entendía, no había eco en ellas.

 Él había querido, no era un capricho. Pero no sentía. Pensaba, sin saber exactamente qué. Hablaba, porque nada lo impedía. Quiso llorar, pero no se permitió dar tal acontecimiento a su incerteza. ¿Estaba vacío? ¿Estaba queriendo volver en el tiempo? ¿Aquél fantasma le dijo algo sin que él pueda percibirlo? ¿Estaba mal? ¿Estaba bien? ¿Estaba siquiera, más que físicamente en ese lugar?

Miró, pensó. Se sentó, y luego, escribió.

[3 de Junio de 2012]

Owen

Había intentado todo el día evitarlo, estaba usando todas sus fuerzas para ni siquiera querer hacerlo. Pero ya no podía más… lo necesitaba. Era mucho más fuerte que él.

—¿Te puedo…? —ya ni sabía qué decir. Normalmente nunca tuvo que pedirlo— Mejor dicho… ¿Te molesta si te abrazo?

—Pensé que no lo ibas a decir… ­—Ella sonrió de inmediato antes de abrazarlo fuertemente.

La unión que habían logrado los había hecho viajar, como tantas veces anteriores. Pero esto les era distinto. Ese lugar al que llegaban, con el tacto y el fuerte sonido de sus latidos, más que nunca quería permanecer.   
Jamás, en todo el tiempo que se habían hecho compañía el uno al otro, habían deseado con tantas ganas besarse.            
Él sabía que no estaba del todo bien. Ese bello alivio que corría por su cuerpo más tarde se convertiría en algo que no iba a poder controlar fácilmente. Realmente ambos lo sabían. Aun así intentaban vivir ese momento, sentir cada segundo, y no pensar en lo que venía.

 Inevitablemente las imágenes del futuro llegaban a él y no lo querían dejar en paz. Sintió que era como un golpe de la realidad que le advertía sobre el momento. Era necesario romper con eso, necesitaba que deje de suceder, necesitaba…

—Cuídate mucho, ¿sí?, por favor ­—Logró decir luego de haber intentado que su voz no se quiebre.
—Sí… vos también. —Fue lo único que salió de ella mientras intentaba respirar mejor.   

—Promételo, por favor, cuídate. No dejes que nadie te haga sentir mal. —Ya no podía más, estaba quebrándose. Si seguía así iba a terminar diciendo de más. Sentía que dejaba caer una copa de cristal al suelo, y quería confiar de alguna forma que no se dañaría.        

—Sí, no te preocupes. Y también vos… —Nunca había hecho tantas fuerzas para que las lágrimas que bañaban sus ojos de brillo no cayeran.

 El colectivo dobló a lo lejos, y se dirigía a donde estaban. Ambos intentaron tragar un poco de aire al verlo, y conseguir de alguna manera posible no romper en llanto. Él ya había visto esta imagen miles de veces en su cabeza, y creía que su imaginación lo había vuelto fuerte para poder sobrellevar lo que pasaba, pero la realidad lo estaba pisoteando.

 Puedo ver en ella el reflejo de la agonía de ambos. Entonces decidió bajar a la calle, y levantarla con un fuerte abrazo pegado a su cuerpo. No solamente quería hacerlo, sino que también intentaba no dar lugar al dolor que estaba acariciándolos desde el momento en que se vieron.

 El colectivo se acercaba y sus latidos aumentaban en intensidad y velocidad.

—Cuídate mucho ¿sí?  —Hizo lo que pudo para que parezca una sonrisa eso que expresaba su cara. Ella no paraba de verlo a los ojos mientras su rostro se iba iluminando por las luces que emitía aquél gran coche al aproximarse.

 ‘Adiós’ se dijeron al abrazarse por última vez. ‘Cuídate mucho’ fue lo único que deseaban que haga el otro.
Sintieron que todo su cuerpo, su piel, cada musculo y órgano, se desagarraba cuando se separaban de tan intenso abrazo.       
Él apretó fuerte su mano, antes de alejarse de la única mujer que reconocía haber amado.

 Una vez arriba, dijo al chofer su destino para que este le cobrara.

 —Te saluda. —Dijo el chofer, señalando con la vista hacia la calle de al lado— A menos que quieras que la salude yo. —Soltó con un aire cómico.        

—No, no. —Le respondió quedando hipnotizado en ella.

 Esfuerzo le llevó dejar de mirarla por unos segundos para poder pagar el boleto. Pero enseguida, vuelve su vista rápidamente y ve como el colectivo avanza mientras ambos se distancian cada vez más.  
 Por cada paso que daba en el pasillo su mente acelerada le pasaba una imagen de hasta el más mínimo segundo en que habían estado juntos…

‘Te amo’ le susurró con el sentimiento más profundo de su ser, y segundos antes de que la distancia impida que se sigan viendo, ella respondió con una sonrisa. Y él… él sonrió también.

 Se mentía a sí mismo diciendo ‘voy a estar bien sin ella’, ‘el tiempo me ayudará’, entre tanto miraba la luna y su reflejo en el agua, al cruzar ese puente que tantas veces había transitado. Abrió la ventana para que el viento seque su cara y enfríe sus pensamientos. Buscaba respirar mejor, buscaba no recordar.

 Entonces, se dijo:

—Nunca me voy a olvidar de ella…

[14 de Febrero de 2012]

Pálidos pies


La oscuridad de miles de casas caía sobre ese sillón. Y ahí estaba. El de siempre, tomando.

Corría la vista para ver esas cuerdas que ya no le servían.

Acariciaba con sus ojos cada detalle del piso que nunca limpió, buscando perdidamente algo que llame su atención. Observándolo. Queriendo estar cerca de él en menos de un instante.
Quería poder sentir ese impacto que lo pueda despertar de un sueño para el cual nunca tuvo que dormir.

Sus ojos se habían dejado castigar. Su luz ya no estaba ni colgando del techo de aquel living tan vacío de calor.

Soltó una carcajada. Quizás por algún recuerdo que lo indujo a estar ahí.

Se la pasó recortando letras y palabras sin leer. Letras que no formarían ninguna palabra, y palabras que a él nunca le dirían nada.

Estaba asustado. Hizo todo para que el sol no pueda verlo. Se le hacía tarde, y sus ojos no veían bien.
Entonces durmió. Se despertó asustado. Lloró. Bebió. Sonrió. Se quejó. Lloró. Gritó. Pegó. Rompió. Se cansó. Durmió otra vez.

Despertó en el piso empapado, con algo filoso entre sus manos.
Ya ni siquiera el amanecer logro taparlo con su manto. El sol se negó a tocarlo. Ya nada entraba en ese lugar, ya nada tapaba ese cuerpo por fin frío...

Entre lágrimas, suspiros, y palpitaciones soltó:
Creí ver esos pies tan pálidos asomándose. Distantes y borrosos a través de aquel petiso vaso de whisky...

[29 de Julio de 2010]

Al otro lado del arcoíris


Ya es mi tercer día, y odie llegar acá.
Nada es como lo imaginé... Las personas son todas iguales, tan grises y frías. Nadie se mira a los ojos. Todos caminan en la misma dirección y con el mismo propósito...

La facilidad con la que me pierdo en estas calles asusta. Las esquinas vacías, las paredes blancas, sin colores. La luna, no es la misma. No alumbra tanto. Es rojiza y más grande.
Cuando estaba con ustedes anhelaba llegar acá, pensando que era algo imposible, como era de esperarse. Pero otra vez, lo imposible me desilusiona, volviéndose posible. Creando ese ambiente de posibilidades en general, y eso es algo que me hace sentir… Algo horrible... Alguien más, uno más en este mundo... Una de las personas grises que están acá... Todo monótono... Todo igual.

Ya no quiero estar de este lado del arcoíris... no es como pensé. Pero no recuerdo el camino, y la desesperación me invade... No sé qué hacer. Mi ropa se va tornando gris cada vez más, mis sentimientos ya no me afectan, mi vista se oscurece, y mi cuerpo se desacelera.
Ya no hay nada más que hacer acá, porque mi logro... solo era llegar, y yo… llegué.

[22 de Febrero de 2010]

¿Qué pasaría?


Qué tal si... Miramos un nuevo día, un nuevo amanecer y atardecer.
... Si vemos el mundo que tanto deseamos, que tanto intentamos crear.
... Si caminamos el camino hacia la sima que tanto construimos.
... Si destrozamos toda la esperanza que guardábamos y pensamos en el presente, en el AHORA.
... Si devoramos nuestra cena. No por hambre, sino por saber que es la última.
... Si pegamos un volantaso a nuestra situación, y le damos el giro que nunca imaginó.
... Si miramos la ciudad y nos despedimos de ella. Pero que ésta, sea por última vez.
... Si decimos BASTA a toda esta injusticia.

¿Qué tal si nos vamos tal como siempre estuvimos? Juntos...
¿Qué pasaría? ¿Eh? ¿Qué pensarían todos?

Cenemos juntos por última vez, y nadie, nadie se olvidará de nosotros. No por nuestra despedida, sino por lo que realmente siempre fuimos... una Familia.

[1 de Diciembre de 2009]

Aprendí a mirarte


Al llegar a casa te veo,
mientras camino en el patio te siento.
Me provocas las mismas cosas que
me sucedieron cuando te veía...
Me llenas de sentimientos reprimidos,
con esa felicidad pasada,
y también con la misma tristeza
que logro ganar ahora.

En tu hermosa blancura logro verlo todo,
incluso a mi mismo viéndote en lo alto
y tan lejos de toda esta mierda.
Es cuando recuerdo verte
siempre cuando estoy en este estado.
Que siempre me acompañas,
y cuando realmente te necesito
no hay una nube que te oculte.

Es estúpido preguntar por un sentir
que comprendo, buscando respuestas
ajenas a algo que yo entiendo.
Pero más estúpido es ponerme mal
porque algo me impide estar mejor,
de lo que ya estoy...

Soy impaciente y lo sabes,
porque siempre estás ahí mirándome,
esforzándote por hablarme cuando lloro,
cuando caigo, y cuando
busco una respuesta en tu luz.

Sé que le estoy cediendo el paso al dolor,
pero incluso a veces pienso
que yo mismo lo busco y deseo.
Y naturalmente, estoy harto de todo esto.
Me siento un espécimen en exhibición.

Estoy dentro de una cadena que dudo
poder romper.

No me podes ayudar, porque intuyo que
ya lo has intentado.
Pero eres mi gran compañera,
y a pesar de las alegrías y las tristezas
del recuerdo, te aseguro que amé,
amo y amaré, haber vivido todo esto junto a vos.

[8 de Agosto de 2009]


Hoy quiero


Hoy quiero crecer y tener la misma edad.
Ser la persona más grande siendo la más chica.

Vivir por siglos logrando no envejecer
y poder morir joven.

Poder seguir estando solo
cuando una multitud me acompaña.

Ser un gran músico sin que nadie me conozca,
y al escuchar mis melodías sonrían sin saber el por qué.

Pintar retratos para un público ciego.

Dibujar mi corazón y que no esté roto.

Encontrar a mi alma gemela, pero no aburrirme de ella.

No tenerle rechazo a la gente que me ama.

Desear ayudar cuando no necesitan de ayuda alguna.

Creer que la falsedad solo es un mito.

Generar un miedo que atraiga a las personas,
que me conozcan solo superficialmente y les atraiga.

No entender nada de nada,
pero que aun así no me subestimen.

Ser un Superhéroe, cuando nunca hubo caos.

Saber muchas historias para contárselas a los hijos
de los hijos que nunca quise tener.

Aprender a respetar a las personas que nunca me respetaron.

Decir que todo va a estar bien cuando por única vez sé la realidad.

Poder escribir otra cosa que no sea esto...

Hoy quiero tantas cosas,
que solo espero que haya un mañana.


[16 de abril de 2009]