20130107

Fantasmas del fantasear


 Tantas fantasías flotando, disfrazándose unas de otras. Bailando semi-desnudas, regalando besos y abrazos carentes de oxígeno en una tarde de domingo, en ésta habitación, con la ventana abierta y el sol iluminándole la mitad de sus caras y pies.
 Llenas de piel, piel y más piel. Pálidas como las teclas de un piano sin estrenar. Pálidas como mis visiones ante el mundo.
 Desbordan fatalidad y tragedia, ellas son responsables de la maldición de la superficialidad. Inherentes, agobiantes, y bellas esculturas de la naturaleza en pleno auge de su desarrollo. Están llenas de juventud, de plenitud. Atraen y emanan placer por hasta el más desconocido milímetro de su cuerpo.

 Ustedes llevan a un hombre al desalojo de sí, a la pérdida de su identidad, cegando y apartándolo de las escasas delicias que de la realidad puede obtener. Su radiante y aparente perfección genera una la desorbitación de órganos. Uno no tiene opción.

 Ellas son el placer en las sensaciones del tacto, en la destreza de aquél delicado baile que sea hace esperar tanto para durar tan poco, logrando al finalizar que el público no recuerde más que el telón y sus detalles. Su ser no está más que en la acción, en la inquietud, en la ansiedad y la adrenalina de la incertidumbre, que despabilada a las tres de la mañana de un sábado susurra a gritos una imperiosa necesidad insatisfacible.

 No son más que imágenes, cuerpos, risas y cócteles adolescentes que al otro día dejan un dolor de cabeza. Estúpidas ustedes, estúpido el hombre por dejar atraparse, y buscarlo también. Malditas, malditas fantasías. Son tan audaces para convencer a uno del “qué sería de mí sin ustedes”. Cuando ustedes no serían nada sin ese uno. Justamente es eso… y eso es lo que son. Invenciones. Productos de un hombre atrapado en sí mismo, retorciéndose en su espiral. Que no para de construir y decorar su propia jaula para no ver lo que realmente se ve, y ver lo que realmente quiere.

 ¿Pero qué he decir? Soy un hombre lleno de fantasías. Desbordado desde dentro hacia afuera.
Las percepciones alteradas, excitadas, desinhibidas, andantes y un tanto distantes, no consiguen hallar coherencia dentro de mí. Y aunque lo usual sería que regresen hasta ganar su anonimato y conseguir desaparecer, ellas no se prohíben manipularme a su parecer.
 Sudo por cada uno de mis poros el deseo del placer ausente, presente solo en mi mente. Mi mente… mi mente como núcleo, y corazón latente.